Orichas en Cuba
Cuba, privilegiada con una ubicación geográfica única en el Caribe y destino turístico por excelencia para miles de vacacionistas interesados en sus tesoros naturales e históricos, encierra también una mezcla de religión y cultura característica.
Tradiciones de más de cinco siglos llegan a nuestros días, transmitidas de generación en generación, y con un origen que se remonta a la época de la colonización, cuando los españoles fomentaron el trabajo esclavo y trajeron mano de obra barata desde África.
De esa forma, en la incipiente estructura social consolidó posiciones la presencia de aquellos procedentes de la tribu de los Yorubas, que aportaron las enseñanzas de su religión y en especial sus dioses, presentados bajo el nombre de Orishas.
En ese sentido, los esclavos llegaron a identificar a sus deidades con los santos del catolicismo, lo cual es visto como el punto que marca el surgimiento del sincretismo religioso conocido como Santería.
La mencionada religión se relaciona al concepto de familia numerosa, con un antepasado común que incluye a vivos y muertos, como una especie de hermandad que va incluso más allá del vínculo sanguíneo.
El parentesco involucra a los padrinos y sus ahijados, en un entorno donde los primeros pasan a ser tutores de un sinnúmero de hijos pertenecientes a una forma de culto que recibe la denominación popular de línea de santo. Como parte de esa cultura religiosa, el Orisha es visto como una especie de antepasado que en vida logró el control sobre fuerzas naturales como el viento, el trueno y las aguas.
Asimismo, estaba en condiciones de realizar actividades como la caza, el trabajo con metales y el conocimiento sobre las propiedades de determinadas plantas y los métodos para su empleo.
Los conocedores colocan en la santería cubana a la piedra (otá) como fundamento o foco ? al igual que en la tribu Yoruba de Nigeria ?, pues en ella ven el receptor de los atributos mágicos de los diversos poderes.
Estas piedras, generalmente de los ríos, pulidas y redondas, constituyen el receptáculo de cada una de las divinidades y los practicantes deben llevarlas consigo, al menos en los rituales de envergadura.
Cuando el santo abandonaba la tierra, marchaba hacia el cielo y posteriormente retornaba en forma de lluvia, la cual al caer se convertía precisamente en las citadas piedras, las que a su vez tomaban un color acorde con el Orisha que le había dado origen.
En tal sentido, para los creyentes el poder real de los Orishas está en los collares de cuentas de colores, ya que en su interpretación las piedras se encargan de guardar el espíritu de las deidades.
Con esa abundante riqueza religiosa, presente en la vida cotidiana de los cubanos, la isla suma un atractivo más a la extensa oferta de tesoros que están al alcance de los visitantes foráneos procedentes de todas las latitudes.
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